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viernes, 2 de febrero de 2018

Sopa de ajo de mi abuela


Esta sopa de ajo es una de las recetas clásicas de mi abuela, pero hay que decir que ella la sacó en su día de una colección de libros de cocina que se llama "Biblioteca de oro de la cocina", del Club internacional del libro.
Este plato se sirve tradicionalmente en cazuelitas de barro. Es una receta sencillísima y está muy buena. Os cuento cómo la preparamos en casa, tal cual la hace mi abuela. Para 4 comensales:

  • Pan de hogaza del día anterior (3 rodajas por persona)
  • 125 cl de caldo de cocido, o en su defecto, agua y una pastilla de caldo
  • 4 huevos
  • 3-4 dientes de ajo
  • Una cucharadita de pimentón dulce
  • Sal
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • Opcional: Taquitos de jamón serrano (no es parte de la receta original, pero a mi abuela le gusta)

La preparación:

1. Ponemos el caldo a hervir con un poco de sal.

2. Mientras, machacamos a mortero el ajo y el pimentón para formar una pasta con ello.


3. También cortamos rodajitas finas de pan y las colocamos en el fondo de las cazuelitas individuales de barro. Hay quien fríe el pan, pero no hace ninguna falta.


4. En cuanto el agua rompa a hervir, echamos en ella el contenido del mortero; repelamos el mortero con un poquito de agua para aprovecharlo todo. En este paso, mi abuela añade los taquitos de jamón serrano, pero eso va al gusto.


5. Cuando vuelve a hervir, justo antes de servir, cascamos los huevos y los echamos a la olla con cuidado de que no se rompan. No tienen que cuajar del todo, así que en seguida, los pescamos y los servimos en sus respectivas cazuelitas, sobre el pan. Al servir, la yema del huevo tiene que seguir líquida por dentro.
(* Tradicionalmente se sirve cada huevo crudo en el fondo de las cazuelitas y se deja que se haga con el calor del caldo, pero mi abuela no lo hace así.) 


6. Finalmente, repartimos el caldo en las cazuelitas. ¡Y listo!





¡Buen provecho!

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Bergua*






sábado, 27 de enero de 2018

Crema tailandesa de zanahoria


Para nuestro primer asalto del año, le hemos desvalijado la cocina a Montse

A Montse le gustan mucho las cremas de verduras, y a mí también. Así que sabía que encontraría más de una que me gustara, pero esta opción me sorprendió (muy gratamente). A mí me ENCANTAN los cacahuetes y en su despensa encontré esta crema de inspiración tailandesa con verduras, patata, crema de cacahuete y curry. No me lo pensé dos veces; al día siguiente de verla, la probamos en casa, y no será la última vez.

Con estas cantidades sale plato único para 2 personas o entrante para 4 personas.

  • 3 zanahorias grandes
  • 2 patatas medianas
  • 1/2 litro de caldo de verduras (o agua y una pastilla de caldo concentrado)
  • 1  diente de ajo
  • 1/2 cebolla
  • 1 cucharada de crema de cacahuete
  • 1 cucharadita de pasta de curry rojo
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta
  • Opcional: Nata baja en grasa si quieres suavizar el sabor
Para decorar:
  • Cilantro
  • Cacahuetes tostados, en mi caso con sabor a teriyaki

La preparación:

1. Picamos la cebolla y el ajo y lo rehogamos en un par de cucharadas de aceite caliente en una olla.

2. Cuando la cebolla esté tierna, incorporamos la zanahoria y la patata peladas y en trozos de tamaño similar. Les damos 5 minutos más a fuego medio-alto.


3.  Después añadimos el caldo, sal y pimienta y dejamos cocer unos 25 minutos a fuego lento-medio. Si tenemos olla rápida, con 7 minutos, sobra.

4. Entonces incorporamos la crema de cacahuetes y la pasta de curry y batimos/trituramos hasta obtener una textura fina y homogénea. Probamos de sabor por si hubiera que rectificar de sal.


5. Opcional: Si vamos a añadir nata, este es el momento. La vertemos en la olla con la crema de verduras y la mezclamos a fuego lento durante un minuto o dos.

6. Servimos y, si queremos, decoramos con cacahuetes tostados y espolvoreamos con cilantro.


¡Buen provecho!

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domingo, 21 de enero de 2018

Tartaletas de Gouda holandés: Gouda gebakjes


Nos vamos hasta Holanda para empezar el año con Cocinas del mundo. En cuanto me enteré, tuve claro cuál iba a ser el ingrediente principal de mi receta: De Rotterdamsche Gouda. No podía ser de otra manera; es mi queso favorito; un gouda casi añejo con una ligera cristalización y un sabor increíble. Para que os hagáis a la idea, recuerda al Old Amsterdam, pero es de más calidad; se lo compro a un granjero en el pueblo de al lado. Este gouda maduro es duro y en la boca se aprecian toques crujientes por la caseína (proteína de la leche) cristalizada durante el proceso de maduración. 


Así que para dejarle el protagonismo a mi queso favorito, escogí estas ricas tartaletas de champiñón, cebolla y gouda holandés, que me imagino que se llamarán algo como "Gouda gebakjes" o algo por el estilo. Me inspiré especialmente en esta receta  y esta otra, aunque cambié el Gouda normal por mi Gouda favorito, que es añejo. Y usé algo más de queso que las recetas originales. Salieron 12 pequeñas (unos 10 cm de diámetro) y una mediana y nos encantaron.


  • 250 g de masa quebrada
  • 90 g de champiñones
  • 40-50 g de queso Gouda maduro, tipo Old Amsterdam
  • Más aprox. 10 lonchas finas del mismo queso Gouda
  • 1 cebolla pequeña
  • 50 g de jamón york
  • 250 ml de leche
  • 4 cucharadas de mantequilla
  • 1 cucharada de harina
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • Nuez moscada
  • Pimentón dulce
  • Sal y pimienta
  • Opcional: Berro de agua para decorar

La preparación:

1. Usamos un molde redondo, un vaso de borde fino o algo así para cortar círculos de masa del tamaño de nuestros moldes para tartaletas o magdalenas. Engrasamos los moldes y acomodamos la masa. Con los retales que sobraron de hacer las tartaletas pequeñas, hice una mediana.


2. Entonces le damos el primer horneado a la masa; 8-10 minutos a 200º en el horno precalentado. Para que no se hinche la base de la masa, la pinchamos un par de veces con un tenedor y metemos un puñadito de legumbres o pasta en cada tartaleta. Sacamos las tartaletas del horno, las vaciamos y bajamos la temperatura del horno a 150º.



3. Después pasamos a preparar el relleno. Calentamos un par de cucharadas de mantequilla y pochamos la cebolla picadita (normalmente va en juliana, pero yo la prefiero picada). Le damos unos 5 minutos hasta que esté blanda y añadimos el champiñón en rodajas; le damos otros 5 minutos o así, hasta que los campiñones también queden tiernos. Después lo sacamos todo de la olla y reservamos.
* En cuanto al limón, yo suelo rociar las láminas de champiñón con él para evitar que el champiñón se oxide, pero si cortamos el champiñón en rodajas justo antes de cocinarlo, podemos añadir el zumo de limón simplemente a la olla con los demás ingredientes.



4. En la misma olla calentamos las otras dos cucharadas de mantequilla a fuego medio, añadimos la cucharada de harina, lo mezclamos bien durante un minuto e incorporamos poco a poco la leche sin parar de remover y mezclar para deshacer cualquier grumo de harina. Entonces le damos 2-3 minutos al fuego para que espese.

5. Es el momento de devolver a la olla la cebolla y el champiñón; mezclamos con la bechamel y añadimos un poco de sal, pimienta y nuez moscada al gusto. Por último completamos con el queso rallado y removemos para que se funda.



4. Con cuidado rellenamos las tartaletas.

5. Coronamos con lonchas finitas del Gouda y damos el toque final con pimentón dulce sobre el queso.


6. Para terminar, les damos 15-20 minutos a 150º en el horno precalentado. Las servimos calientes y decoramos, si queremos con brotes de berro de agua.

Y aquí os dejo una fotito del señor al que le compro el queso, que se llama Arne Rasmussen, con una rueda enorme de mi favorito:


¡Buen provecho!

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viernes, 5 de enero de 2018

Garbanzos asados con chorizo


¿Te gusta la tapa de garbanzos fritos? Pues aquí te traigo una versión más ligera, pero bien rica. Los garbanzos no son la legumbre menos calórica, y el chorizo tampoco resta calorías precisamente, pero el cocinarlos al horno en lugar de fritos, sí ayuda. Se tarda un poco más, pero es más sano, más limpio y más fácil; lo dejas en el horno y sigues con tu vida.

También se puede prescindir del chorizo y compensar la pérdida de sabor con pimentón dulce o pimentón ahumado, pero esta receta la hago de vez en cuando con chorizo precisamente porque es una forma efectiva de hacer que el vikingo me coma legumbres sin protestar; la verdad es que protestar, no protesta nunca, pero las legumbres no le emocionan y así le entran mejor.

El bulgur/arroz no es imprescindible, pero lo añado porque el grano ayuda a que nuestro cuerpo asimile mejor las proteínas vegetales de las legumbres; de ahí que las abuelas hablen de "empedrar las lentejas", por ejemplo. Así tenemos un plato mucho más completo. Puede ser una receta de reciclaje, si nos han sobrado garbanzos de un puchero o arroz blanco de otro plato.
Para 3 o más comensales, según si es tapa o plato fuerte:


  • 400 g de garbanzos cocidos netos (sin el líquido)
  • 1 cebolla (Aprox. 180 g antes de pelarla)
  • 100 g de bulgur 
  • Aprox. 250 g de chorizo crudo 
  • 2 dientes de ajo
  • Aceite de oliva virgen extra (de buen sabor)
  • Un poquitín de comino en polvo
  • Un poquitín de pimienta de cayena
  • Sal y pimienta


La preparación:

1. Empezamos hirviendo el bulgur; funciona como el arroz, unos 10 minutos desde que el agua hierve; pero vamos, es cuestión de probarlo y ver si está duro o cocido. Cuando esté, lo reservamos.

2. Pelamos la cebolla y la picamos. No hace falta ni que sean trozos minúsculos ni que sean idénticos; no van para exposición.


3. Ahora toca trocear el chorizo; hacemos un corte longitudinal por la mitad y retiramos la piel. Entonces cortamos trocitos o incluso podemos volver a cortar cada mitad por la mitad y luego ya cortar trocitos.


4. En la bandeja refractaria que vayamos usar para hornear, echamos la cebolla picada, los garbanzos cocidos enjuagados, el bulgur cocido, el ajo prensado o picadito, comino, pimienta de cayena, sal, pimienta y un chorrito de aceite. Mezclamos bien para que se impregnen el bulgur y los garbanzos. La fuente debe ser lo suficientemente grande para que no quede todo apelotonado; así se cuece de forma más uniforme.


5. A continuación añadimos los trocitos de chorizo y otro chorrito de aceite repartido por la superficie. 



6. El horno lo habremos tenido precalentando a 180º. Metemos la bandeja con todo y le damos 30 minutos para empezar. Abrimos el horno y removemos.

7. Subimos a 200º y le damos otros 20 o incluso 30, 50-60 minutos en total. En realidad, después de los 30 minutos iniciales, ya se puede comer, pero a mí me gusta que los garbanzos adquieran el sabor y la textura más crujiente de cuando los fríes, así que les doy en torno a una hora. También dependerá de cada horno.

8. ¡Y ya está! Finalmente los sacamos del horno y servimos. Si nos sobran, aconsejo recalentarlos en el microondas con la tapa de plástico sobre el plato para que no se sequen de más.


¡Buen provecho!

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domingo, 17 de diciembre de 2017

Galletas de barquillo danesas (Gode råd)


Estas galletas danesas cuyo nombre, Gode råd, literalmente significa "Buenos consejos" son muy típicas en la zona del sur de Jutlandia (Sønderjylland). En el resto del país no las conoce prácticamente nadie, lo cual es una pena. Curiosamente, en Noruega también son conocidas, aunque bajo otro nombre, krumkager. Por donde yo vivo se venden en los mercadillos navideños. Las he preparado para el viaje navideño de Cocinas del mundo.


Lo especial de estas galletas es el dibujo que las caracteriza y su tamaño. De sabor y textura se parecen mucho al barquillo de los cucuruchos de helado, aunque con el toque navideño de las especias. Están muy ricas y no se hacen nada pesadas porque son muy finitas.

Para cocinarlas se usaban unas placas de hierro que se conservan hoy en día en el ático y el sótano de alguna abuelilla. Ya no hay manera de comprar las originales. Sin embargo, hay demanda y hace unos años un par de marcas (Wilfa y OBH Nordica) sacaron un modelo moderno de plancha para gofres específicamente para hacer estas galletas. Y yo tuve la suerte de encontrar uno que les quedaba en un almacén. Os dejo fotos de las antiguas y las nuevas.



Tras probar varias recetas y darles mi toque personal, os dejo aquí la que más me gusta;  salen unas 12 galletas, que no es poco, dado el tamaño, y es fácil y riquísima:

  • 125 g de azúcar
  • 100 g de mantequilla (blanda, pero no derretida)
  • 250 g de harina
  • 2 huevos
  • 1 cucharada generosa de leche
  • 1 cucharadita de cardamomo en polvo
  • 1 cucharadita de azúcar avanillado
  • Ralladura de la piel de 1/2 limón

La preparación:

* Se pueden mezclar todos los ingredientes de una, batir y listo, pero según mi experiencia, salen mejor si se siguen los siguientes pasos.

1. Mezclamos el azúcar, la mitad de la harina y la mantequilla en trocitos y batimos. La mantequilla no debe estar ni fría ni derretida; a temperatura ambiente.

2. Incorporamos los huevos, la otra mitad de la harina, el azúcar avanillado y el cardamomo. Batimos.



3. Incorporamos la cucharada de leche y la ralladura de piel de limón. Batimos de nuevo y, si hace falta, ayudamos a mezclar con una espátula.




4. Podemos ir cogiendo masa cada vez que necesitemos o prepararla en montoncitos del tamaño de una nuez grandota. Mejor poner nuestros montoncitos de masa sobre papel de horno para que no se peguen, pero no es imprescindible.




5. Mientras tanto encendemos las placas al máximo para que se vayan calentando. Entonces colocamos un pegote de masa sobre la placa de abajo más bien en la mitad de arriba, porque al cerrar la placa de arriba, la masa se expande hacia abajo. Hacemos presión para que se reparta la masa y le damos 60-90 segundos hasta que esté doradita.




6. Con una espátula podremos sacar fácilmente la galleta. La ponemos a reposar sobre plano, por ejemplo sobre una rejilla de horno. Lo de "sobre plano" es porque, una vez que se enfrían, no hay manera de cambiar la forma que hayan tomado sin romperlas. De hecho, en este paso, hay quien las rula para hacer barquillos de cucurucho para helado o las pone sobre un vaso del revés para hacer cuenquecitos para helado u otros postres.





¡EXTRA, EXTRA!

Y ahora os digo, os voy a tener que dar 2 recetas. La anterior es la más sencilla y sale buenísima. Peeero, un día de casualidad probé un invento y quedó requetebien, así que lo comparto aquí por si queréis probarlo. 
Este invento se debe a que me puse manos a la obra y me di cuenta demasiado tarde de que solo tenía un huevo. Ya estaba inmersa en el proyecto y, además, llovía, así que decidí sustituir un huevo y la leche por yogur; al fin y al cabo, algunas recetas antiguas incluyen nata. Y la verdad es que quedaron más finas todavía, crujientes, delicadas, ligeras y deliciosas, y con menos calorías que si llevaran nata y otro huevo.
  • 125 g de azúcar
  • 100 g de mantequilla (blanda, pero no derretida)
  • 250 g de harina
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas generosas de yogur griego 0%
  • 1 cucharadita de cardamomo en polvo
  • 1 cucharadita de azúcar avanillado
  • Ralladura de la piel de 1/2 limón
El procedimiento es el mismo, solo que añadimos 1 huevo y el yogur y al final la ralladura.  La masa resultante es más pegajosa. Por lo demás, todo igual.

A mí la primera receta me gusta más para comerlas tipo barquillo con nutella o helado y la segunda más para comerlas sin acompañamiento, aunque no voy a mentir, me encantan las dos y son tradición en casa ;)

* Ay por cierto, los corazones que veis en la foto son hechos a mano (por mí) y son el adorno navideño más típico de Dinamarca que existe. Se cuelgan del árbol.


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Estrellas de hojaldre y crema


Esta receta se la he robado a mi amiga invisible, Juana de Juna en la cocina para la edición de diciembre de #asaltablogs. 

Estas estrellas de hojaldre rellenas de crema de vainilla me vinieron genial para una merienda que tuve con unas amigas. No estaba en casa, así que tuve que improvisar un poco; no tenía mis moldes con forma de estrella, por lo que hice el corte a mano alzada. Juana las rellenó de natilla de vainilla y yo, como aquí en Dinamarca no hay, usé crema pastelera de vainilla. Para decorar y darle un toque especial usé "nougat", una crema de avellana típica de Navidad en Dinamarca. También añadí algunos fideos de chocolate. También se pueden rellenar de Nutella, como Juana propone.

Me costó elegir la receta, porque encontré varias que me apetecía probar, pero me puede el hojaldre, así que me decidí por esta para la merendola con mis amigas y las demás recetas las probaré otro día.

  • 1 placa de masa de hojaldre
  • Crema pastelera de vainilla
  • Crema de avellana
  • Fideos de chocolate

La preparación:

1. Vamos a cortar las estrellas de la masa de hojaldre. Si tenemos molde, será más fácil; si no, con la punta de un cuchillo las dibujamos en la masa. Después juntamos las sobras de masa, la aplanamos y sacamos más estrellas de ahí.



2. Colocamos las estrellas sobre el papel de horneado en una bandeja de horno y les damos 10-15 minutos a 200º en el horno precalentado. Es importante vigilarlas porque el tiempo que necesiten dependerá del grosor y el horno. 

Mi ayudante ❤

3. Las dejamos enfriar. Aquí en Dinamarca es fácil; las puse en el alféizar de la ventana y si me descuido, se congelan. 

4. Con mucho cuidado y con la punta de un cuchillo afilado, vamos a abrir las estrellas por la mitad horizontalmente de modo que tengamos una base y una tapa. Se mete la punta del cuchillo por el centro y se corta hacia los lados.



5. Entonces podemos rellenar con una cucharada de crema pastelera. Si queremos decorar la tapadera, ponemos un pegotito de la crema de avellana. Y si queremos, completamos con unos fideos de chocolate.





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viernes, 1 de diciembre de 2017

Galletitas de pimienta danesas: Pebernødder


En Dinamarca el que más y el que menos se hace su propio pan, galletas y demás en casa. Como a menudo llueve, es una forma muy relajante y gratificante de hacer que pase el tiempo en casa. Y de paso, la casa huele a gloria ;) 
En concreto en diciembre, los hornos daneses trabajan sin descanso para ofrecer a familiares, vecinos y amigos una degustación de dulces típicos navideños. Hasta mi suegra, que no cocina NADA, hace sus propias galletas para Navidad.
Yo tengo mis favoritas, aunque no he probado a hacerlas todas todavía; pero por ejemplo me gustan mucho las "coronas de vainilla" (vaniljekranser), el pan finlandés (finsk brød), los klejner y las galletas de barquillo (Gode råd).
Estas que os traigo hoy no están entre mis favoritas; no por nada, sino porque hay taaanto donde elegir, que simplemente hay otras que encuentro más interesantes. Sin embargo, esta es sin duda una receta imprescindible durante la Navidad danesa. Estas mini galletitas están en TODAS partes durante todo diciembre; en las casas, las tiendas, los restaurantes... Gusten más o menos, son la receta más popular en estas fechas en Dinamarca. Así que tenía que probar a hacerla en casa, obviamente. Y como pasa con todo, lo casero gana mucho ;)
Su nombre, "pebernødder", significa curiosamente "Nuez de pimienta". Ni son ni llevan frutos secos, pero se les dio el apodo por el tamaño. Pimienta sí llevan un poquitín. Recetas hay muchas, pero la que yo uso es sin huevo. Está basada en esta y esta y son del estilo de las de Lagkagehuset, una red de confiterías que, en mi opinión, hace los mejores dulces del país.
Normalmente se hacen remesas de unas 300, pero si quieres probar si te gustan, siempre puedes hacer la mitad o un cuarto. Con esta receta salen unas 100-130 galletitas del tamaño de media nuez:

  • 125 g de azúcar
  • 125g de mantequilla blanda (no derretida)
  • 1/2 cucharadita de jengibre fresco rallado
  • 1/2 cucharadita de canela en polvo
  • 1/2 cucharadita de pimienta recién molida (mejor si es blanca)
  • 1/2 cucharadita de levadura química
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico para cocinar
  • 1/2 dl de nata líquida para montar
  • 250 g de harina

La preparación:

1. Batimos el azúcar y la mantequilla. La mantequilla no se derrite, pero la dejamos unas horas fuera del frigo para que se ablande.

2. Se añade la nata y se bate flojito para incorporarla a la mezcla de azúcar y mantequilla. Se aprovecha también para mezclar el jengibre rallado.


3. En un recipiente aparte mezclamos la harina, el bicarbonato, la levadura y las especias en polvo.

4. Se baten entonces los ingredientes secos y la mezcla húmeda del azúcar.


5. Se amasa con las manos muy poquito (con las galletas no hay que pasarte), solo lo suficiente para terminar de mezclar bien los ingredientes.


6. En seguida pasamos a formar las galletitas, para eso tenemos dos métodos: 
El tradicional consiste en rular bolas de masa y formar una longaniza. De esta longaniza vamos a ir cortando pedacitos de 1x1 cm con los que formaremos bolitas. 
El método alternativo consiste en extender la masa sobre papel de horno (hasta que tenga un grosor de aprox. 1 cm) y usar la rejilla del horno para presionar y cortar primero vertical y luego horizontalmente. Después separamos los cuadraditos resultantes. Elegid la que queráis; la verdad es que no hay gran diferencia en cuestión de dificultad.


7. La cuestión es que repartamos sobre papel de horno nuestras bolitas o cuadraditos; dejaremos espacio entre los pegotitos de masa para que tengan sitio para crecer un poco sin pegarse.


8. Horneamos en el horno precalendado a 200º durante 8-12 minutos, según el horno. El mío con 8 tiene suficiente; tienen que coger color, ligeramente dorado, pero no tostado.

9. Y ya está; dejamos enfriar y que se solidifiquen y listo. Se conservan muy bien en latas y recipientes herméticos.



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domingo, 26 de noviembre de 2017

Ensalada de naranja y bacalao


Este mes asaltamos a Chary y yo escogí receta el mismo día que su blog ganó el concurso, porque resultaó que esta cordobesa tiene en su blog una receta con bacalao desalado y naranja. ¿Y qué tiene eso de especial? Pues mucho, porque vivo en Dinamarca, donde hubiera sido imposible encontrar ese tipo de bacalao, pero justo me quedaba un paquetito que me trajo mi madre en su última visita. Además, las naranjas en Dinamarca son para paladares poco exigentes excepto ahora en torno a Navidad, que nos llegan tanto naranjas como mandarinas de lo más sabrosas. Así que me lo tomé como una señal y esa misma noche me puse manos a la obra y cenamos tan ricamente. Y hemos repetido desde entonces ;)

Me permití un pequeño cambio, que fue añadir nueces picaditas a la ensalada. ¡Por cierto! Que conste que esta es una receta típica cordobesa y se llama originalmente "picadillo", término que al parecer se usa mucho por allá para hablar de preparaciones de verduras y frutas así en trocitos y en crudo. Pero como en mi tierra, "picadillo" es carne picada, yo lo he llamado "ensalada".

  • Aprox. 40 g de bacalao desalado (sin piel ni espinas)
  • 1-2 naranjas (las mías Navelinas -californianas- producidas en Valencia)
  • Un par de cebolletas de bulbo sin desarrollar
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Un puñadito de nueces sin sal
* Las cantidades son aproximadas porque va a gusto de cada uno el darle protagonismo a uno o más de los ingredientes; a mí me gusta con más naranja que bacalao, por ejemplo.


La preparación:

1. Lo primero es poner el bacalao a remojo para que pierda un poco del potente sabor salado que tiene. Lo podemos poner entero o ya cortado en tiritas/trocitos. Si preferimos conservar un sabor fuerte, lo podemos enjuagar un momento nada más.



2. Pelamos las naranjas y las cortamos a trozos; yo corto cada gajo por la mitad horizontalmente.



3. Entonces limpiamos las cebolletas y las cortamos en anillos finos; no solo la parte blanca sirve; algo de la verde también podemos usar y, el resto, lo reciclamos en un wok, por ejemplo.


4. Se escurre bien el bacalao y se mezcla bien en trocitos con la naranja y la cebolleta. Se añade un chorro de aceite al gusto y finalmente se añaden los trozos de nuez (a mortero o a cuchillo).






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